Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 183

Por mucho que respete las obras religiosas y filosóficas de la literatura sánscrita, raras veces he podido encontrar algún placer en las poéticas; e incluso a veces me ha parecido que eran tan sosas y monstruosas como la escultura de esos mismos pueblos. Aun sus obras dramáticas las aprecio principalmente por las explicaciones y pruebas de la fe religiosa y de las costumbres que en ellas se contienen. Todo eso puede deberse a que la poesía es intraducibie por naturaleza. Pues en ella los pensamientos y las palabras están tan íntima y firmemente unidos como pars uterina et par foetalis placentae[428]; de modo que estas no pueden ser sustituidas por palabras extranjeras sin afectar a aquellos. No obstante, toda métrica y rima son en origen un compromiso entre el pensamiento y el lenguaje: mas por su naturaleza ese compromiso se ha de hacer efectivo únicamente en el propio suelo materno del pensamiento y no en uno extranjero al que se lo quiera trasplantar, y menos en uno tan estéril como son en general las mentes traductoras. ¿Qué mayor oposición puede haber que la existente entre el libre desahogo de la inspiración de un poeta, la cual se revela ya por sí misma e instintivamente revestida del metro y la rima, y el penoso, calculador y frío tormento del traductor, contando sílabas y buscando rimas? Dado que además en Europa no faltan obras poéticas que nos abordan directamente, pero sí correctas visiones metafísicas, opino que el traductor del sánscrito debe dirigir sus esfuerzos mucho menos a la poesía y mucho más a los Vedas, las Upanishads y las obras filosóficas.


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