Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Cuando pienso lo difÃcil que es, aun contando con la ayuda de los mejores maestros cuidadosamente formados para ello y con los más excelentes recursos filológicos alcanzados en el curso de los siglos, lograr una comprensión correcta, exacta y viva de los autores griegos y romanos cuyas lenguas son las de nuestros antepasados europeos y las madres de las lenguas hoy vivas; y que, sin embargo, el sánscrito es una lengua hablada hace mil años en la India y los medios para aprenderla son relativamente imperfectos; cuando pienso eso, y además le añado la impresión que me producen las traducciones del sánscrito realizadas por eruditos europeos —dejando aparte muy pocas excepciones—, me invade la sospecha de que nuestros eruditos del sánscrito no son capaces de entender sus textos mejor de lo que los estudiantes de Secundaria de nuestras escuelas entienden los textos griegos; que, sin embargo, puesto que no son muchachos sino hombres de conocimientos y entendimiento, a partir de lo que realmente entienden componen el sentido aproximado del conjunto, en cuyo caso, por supuesto, algunas cosas puede que manen ex ingenio[429]. TodavÃa peor es lo que ocurre con el chino de los sinólogos europeos, que a menudo andan totalmente a ciegas; de eso se convence uno cuando ve como hasta los más profundos de entre ellos se corrigen mutuamente y demuestran colosales errores unos en otros. Ejemplos de este tipo se encuentran a menudo en el Foe Kone Ki de Abel Rémusat.
