Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La oda de Orfeo, en el primer libro de las Eglogas de Stobeo, es un panteÃsmo hindú engalanado sin esfuerzo gracias al sentido plástico de los griegos. Por supuesto, no es de Orfeo pero sà es antigua, ya que una parte de ella se cita ya en el De mundo del Pseudo-Aristóteles, libro este que recientemente se ha querido atribuir a Crisipo. En el fondo de la oda podrÃa haber algo auténticamente órñco; de hecho, uno se siente tentado a considerarla un documento del tránsito desde la religión hindú al politeÃsmo helénico. En todo caso, la podemos tomar como un antÃdoto del muchas veces elogiado Himno de Cleantes a Zeus, que aparece en el mismo libro y tiene un inequÃvoco olor judÃo, razón por la que le gusta tanto a la gente. No puedo creer de ninguna manera que Cleantes el estoico, por ende panteÃsta, haya compuesto esa nauseabunda adulación, sino que sospecho que su autor es algún judÃo alejandrino. En todo caso, no es justo abusar asà del nombre del crónide[449].
Cloto, Láquesis y Atropos expresan la misma idea fundamental que Brahma, Visnu y Siva: pero esa idea es demasiado natural como para que por ella tuviéramos que inferir afinidades históricas.
Las muchas frases, tropos, imágenes y locuciones que aparecen en Homero con infinita frecuencia están insertados tan rÃgida, fija y mecánicamente como si se hubieran puesto con una plantilla.
