Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Cuando consideramos como tanto la poesÃa como las artes figurativas toman para su tema un individuo con el fin de presentárnoslo con cuidadosa exactitud en todas las peculiaridades de su individualidad, llegando hasta lo más nimio; y cuando volvemos la mirada a las ciencias, que trabajan por medio de conceptos, cada uno de los cuales representa innumerables individuos al definir y designar de una vez por todas la peculiaridad de su clase entera: — entonces, al examinar eso, la actividad artÃstica nos podrÃa parecer insignificante, nimia y hasta casi pueril. Pero la esencia del arte lleva consigo que para él un caso valga por mil, por cuanto lo que se propone con aquella cuidadosa y detallada representación del individuo es la revelación de la idea de su especie; de modo que, por ejemplo, un acontecimiento, una escena de la vida humana descrita de forma correcta y completa, es decir, con una exacta representación de los individuos en ella implicados, nos lleva al conocimiento claro y profundo de la idea de la humanidad misma captada desde algún aspecto. Pues asà como el botánico corta una sola flor de entre el infinito reino del mundo vegetal y luego la disecciona para demostrarnos en ella la naturaleza de las plantas en general, también el poeta extrae, de entre el infinito barullo de la vida humana que corre por todas partes en incesante movimiento, una sola escena, a menudo una simple atmósfera y sensación, para mostrarnos en ella lo que es la vida y la esencia de los hombres. Por eso vemos que los más grandes espÃritus: Shakespeare y Goethe, Rafael y Rembrandt, no consideran indigno de ellos representarnos y simbolizarnos con la mayor exactitud y el más serio celo un individuo que ni siquiera es destacado, y describirlo en su total peculiaridad hasta en el más mÃnimo detalle. Pues solo intuitivamente se concibe lo especial e individual; — por eso he definido la poesÃa como el arte de poner en juego la fantasÃa a través de las palabras.
