Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La naturaleza inorgánica, al no estar compuesta de agua, nos produce una impresión muy triste y hasta opresiva cuando se representa sin algo orgánico. Ejemplos de ello son los parajes que no ofrecen sino rocas desnudas, en particular el largo valle rocoso y carente de toda vegetación que se encuentra cerca de Toulon y por el que pasa el camino a Marsella: pero a gran escala y mucho más enérgica es la impresión que producen los desiertos africanos. La tristeza que esa impresión de lo inorgánico provoca en nosotros se debe ante todo a que la masa inorgánica obedece exclusivamente a la ley de la gravedad, en cuya dirección descansa aquà todo. — Por el contrario, la vista de la vegetación nos alegra inmediatamente y en sumo grado; pero, como es natural, tanto más cuanto más rica, variada, extensa y entregada a sà misma está. La razón próxima de eso está en que en la vegetación la ley de la gravedad aparece superada, ya que el mundo de las plantas se eleva en una dirección diametralmente opuesta a ella: de ese modo se manifiesta inmediatamente el fenómeno de la vida como un orden de las cosas nuevo y más alto. Nosotros mismos pertenecemos a él: es lo afÃn a nosotros, el elemento de nuestra existencia. En él se nos alegra el alma. Asà pues, es ante todo aquella orientación vertical hacia arriba lo que nos alegra inmediatamente al ver el mundo de las plantas; de ahà que un bello grupo de árboles mejore extraordinariamente cuando del medio de ellos se elevan algunas cimas de abeto que se alzan erguidas y puntiagudas. En cambio, un árbol cortado ya no nos hace efecto; e incluso uno que ha crecido sesgado hace menos que el que está erguido: al sauce llorón (saule pleureur, weeping willow) le han dado su nombre las ramas que cuelgan, es decir, que están vencidas por la gravedad. — El agua neutraliza el triste efecto de su esencia inorgánica gracias a su gran movilidad, que le otorga una apariencia de vida, y a su constante juego con la luz: además, es la condición original de toda vida. — Por lo demás, lo que hace que la vista de la naturaleza vegetal nos resulte tan alegre es la expresión de reposo, paz y satisfacción que comporta: mientras que la visión de la naturaleza animal se nos presenta la mayorÃa de las veces en estado de inquietud, de necesidad y hasta de lucha: de ahà que aquella consiga con tanta facilidad colocarnos en el estado del conocimiento puro que nos libera de nosotros mismos.
