Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Con gran acierto se ha denominado al nacimiento de la idea fundamental para una obra de arte su concepción: pues, al igual que la procreación para el nacimiento del hombre, él es lo más esencial. Y, también al igual que esta, no necesita tanto tiempo como ocasión y disposiciones. En general, el objeto, al modo de principio masculino, practica un continuo acto generativo en el sujeto en cuanto elemento femenino. Pero ese acto solamente resulta fructífero en aislados momentos felices y en sujetos favorecidos: mas entonces surge de él algún pensamiento nuevo, original y, por lo tanto, perdurable. Y al igual que en la generación física, la fertilidad depende mucho más de la parte femenina que de la masculina: si aquella (el sujeto) se encuentra en un ánimo apropiado para concebir, casi todos los objetos que caigan en su apercepción comenzarán a hablarle, es decir, a generar en él un pensamiento vivo, penetrante y original; de ahí que a veces la visión de un objeto o acontecimiento insignificantes se haya convertido en el germen de una obra grande y bella; así también Jakob Böhme se puso en estado de iluminación por la repentina visión de un vaso de estaño y se introdujo en el fondo más íntimo de la naturaleza. Al final todo depende siempre de la propia fuerza: y así como ningún alimento o fármaco puede proporcionar o sustituir la fuerza vital, tampoco ningún libro o estudio puede suplir el propio espíritu.
