Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La «lucha de los hombres con el destino», que nuestros sosos, huecos, desteñidos y asquerosamente empalagosos estéticos modernos plantean unánimemente desde hace unos cincuenta años como el tema general de la tragedia, tiene como supuesto la libertad de la voluntad, esa manía de todos los ignorantes, así como el imperativo categórico, cuyos fines o mandatos morales deben ser cumplidos a pesar del destino; en ello encuentran su consuelo los mencionados señores. Además, aquel presunto tema de la tragedia es un concepto ridículo ya por el hecho de que se trataría de una lucha con un oponente invisible, con un luchador en la niebla, contra el que todos los golpes se darían en el vacío y a cuyos brazos nos lanzaríamos al intentar esquivarlo, como de hecho les ocurre a Layo y a Edipo. A eso se añade que el destino es siempre omnipotente, por lo que luchar contra él sería la más ridícula de todas las temeridades, de manera que Byron tiene toda la razón al decir:
To strive, too, with our fate were such a strife
As if the corn-sheaf should oppose the sickle.
(Además, luchar contra nuestro destino sería una batalla
Tal como si la gavilla quisiera resistirse a la hoz.)
