Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En Homero las cosas siempre reciben los predicados que les corresponden en general y en absoluto, no los que están en relación o analogÃa con lo que precisamente ocurre; por ejemplo, los aqueos se llaman siempre los de buenas grebas; la tierra, la nutricia de la vida; al cielo se lo llama ancho, y al mar, oscuro como el vino. Todo ello es un rasgo de la objetividad que se expresa de forma tan peculiar en Homero. El, al igual que la naturaleza misma, deja los objetos intactos frente a los acontecimientos y sentimientos humanos. Bien sea que sus héroes estén jubilosos o se lamenten, la naturaleza sigue imperturbable su curso. En cambio, a los hombres subjetivos, cuando están tristes, les parece que está sombrÃa, etc. En Homero no ocurre eso.
Entre los poetas de nuestra época Goethe es el más objetivo y Byron el más subjetivo. Este no habla nunca más que de sà mismo e incluso en las formas más objetivas de la poesÃa, el drama y la epopeya, se describe a sà mismo en el héroe.
Goethe es a jean Paul lo que el polo positivo al negativo.
El Egmont de Goethe es un hombre que toma la vida a la ligera y ha de expiar ese error. Pero a cambio esa misma disposición de ánimo le permite tomarse también la muerte a la ligera. Las escenas populares en Egmont son el coro.
