Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 238

No se deben tomar como medida de un genio los defectos de sus producciones o las debilidades de sus obras para, de acuerdo con ellos, ponerlo en un puesto bajo, sino solo su obra más excelente. Pues también en el aspecto intelectual la debilidad y el absurdo están ligados a la naturaleza humana hasta tal punto que ni el más brillante espíritu está siempre y en todo libre de ellas. De ahí los graves defectos que se pueden demostrar incluso en las obras de los hombres más grandes, así como el quandoque bonus dormitat Homerus[491] de Horacio. En cambio, lo que distingue al genio y, por tanto, debe ser su medida es la altura a la que se ha podido encumbrar cuando la época y el ambiente fueron favorables, altura que permanecerá eternamente inalcanzable para los talentos corrientes. Igualmente, es muy arriesgado comparar a grandes hombres del mismo género, por ejemplo, grandes poetas, grandes músicos, filósofos o artistas; porque casi inevitablemente se es injusto, al menos momentáneamente. En efecto, entonces uno tiene a la vista el mérito peculiar de uno y encuentra enseguida que le falta al otro, con lo cual este queda rebajado. Pero si se parte a su vez del mérito de distinta clase que es peculiar a este otro, entonces intenta en vano buscarlo en el primero, de modo que ahora este sufre también una degradación inmerecida.



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