Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La fatalidad de los méritos intelectuales es que tengan que aguardar a que elogien lo bueno quienes solamente producen lo malo; y, en general, que tengan que recibir sus coronas de manos del Juicio humano: una cualidad esta que en la mayorÃa habita tanto como en los castrados la facultad de procrear, quiero decir, en la forma de un análogo débil y estéril; de modo que esa misma cualidad se ha de contar entre los más infrecuentes dones naturales. Asà que, por desgracia, es tan verdadero como juicioso lo que dice Labruyère: après l’esprit de discernement, ce qu’il y a au monde de plus rare, ce sont les diamans et les perles1. Capacidad de discernimiento, esprit de discernement, y por lo tanto Juicio, es lo que falta. No saben distinguir lo auténtico de lo falso, la paja del grano, el oro del cobre, y no perciben el amplio abismo que hay entre la mente vulgar y la excepcional. Nadie vale por lo que es sino por lo que los demás hacen de él. Esa es la maniobra para que los espÃritus destacados sean subyugados por los mediocres; no los toleran (durante todo el tiempo posible). El resultado de ello es el inconveniente que una estrofilla pasada de moda expresa asÃ:
Es la suerte de lo grande aquÃ, en la Tierra,
Que lo conozcamos cuando ya no existe[492].
