Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 243

Así pues, si las obras intelectuales de superior especie no encuentran reconocimiento más que ante el tribunal de la posteridad, un destino opuesto les está preparado a ciertos errores brillantes que, nacidos de gente de talento, parecen tan fundados y son defendidos con tanto entendimiento y conocimiento, que alcanzan fama y crédito entre sus contemporáneos, y los mantienen por lo menos mientras vive su autor. De este tipo son algunas falsas teorías y falsos criticismos, también poesías y obras de arte de falso gusto o estilo, guiado por el prejuicio de la época. El prestigio y la vigencia de todas esas cosas se debe a que todavía no existen quienes sepan refutarlas o bien demostrar su falsedad. No obstante, en la mayoría de los casos ya la siguiente generación trae a tales hombres y entonces el esplendor llega a su fin. Solamente en casos aislados dura mucho, como, por ejemplo, ha sido el caso, y lo es aún hoy, de la teoría de los colores de Newton: otros ejemplos de ese estilo son el sistema ptolemaico del mundo, la química de Stahl, la impugnación de la personalidad e identidad de Homero por parte de E A. Wolf, quizá también la destructiva crítica de la historia de los reyes romanos, de Niebuhr, etc. Así, el tribunal de la posteridad constituye, tanto en los casos favorables como en los desfavorables, la justa corte de casación de los juicios de los contemporáneos. Por eso es tan difícil e infrecuente satisfacer por igual a estos y a la posteridad.


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