Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Los estudiantes y graduados de todas clases y de todas las edades persiguen solamente información, no comprensión. Se empeñan en tener información de todo: de todas las piedras, plantas, batallas, experimentos, y de todos los libros sin excepción. No se les ocurre que la información es un simple medio de la comprensión y que en sí misma tiene poco o ningún valor; por el contrario, esa es la forma de pensar que caracteriza la mente filosófica. Ante la imponente erudición de aquellos sabelotodo, me digo a veces: ¡Oh, qué poco tiene que haber pensado uno para haber podido leer tanto! Incluso cuando se dice de Plinio el Viejo que constantemente leía o hacía que le leyeran —en la mesa, en los viajes, en el baño—, se me plantea la pregunta de si el hombre tenía tanta carencia de pensamientos propios que le tenían que fluir sin cesar los ajenos, igual que al que padece de desnutrición hay que darle un consommé para mantenerlo vivo. Y ni su credulidad acrítica ni su estilo de compendio, que es inefablemente repulsivo, difícil de entender y economizador de papel, son apropiados para darme un alto concepto de su capacidad de pensar por sí mismo.
