Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 249

¡Diletantes, diletantes! —Así son llamados con desdén los que cultivan una ciencia o un arte por afición y con alegría, per il loro diletto[526], por parte de quienes se han dedicado a ellos por el lucro; porque ellos solo se deleitan en el dinero que se puede ganar así. Ese menosprecio se debe a su infame convicción de que nadie puede acometer nada en serio si no lo aguijonean la necesidad, el hambre o cualquier otro afán. El público es del mismo espíritu y, por lo tanto, de la misma opinión: de ahí nace su general respeto a toda la «gente de la especialidad» y su desconfianza hacia los diletantes. En cambio, la verdad es que para el diletante el asunto es un fin; para el hombre de la especialidad en cuanto tal, un simple medio: mas solo se dedicará con total seriedad a una cosa aquel que tenga interés inmediato en ella y se ocupe de ella por amor, el que la practique con amore. De él, y no de los criados de alquiler, ha surgido siempre lo más grande.

§ 250

También Goethe fue un diletante en la teoría de los colores. ¡Digamos aquí algunas palabras al respecto!





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