Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El erudito alemán es demasiado pobre para poder ser honrado y respetable. De ahí que su camino y su método sea andar con rodeos y ambigüedades, acomodarse y renegar de sus convicciones, enseñar y escribir lo que no cree, arrastrarse, adular, hacer partidos y concertar camaraderías, tener en consideración a los ministros, las celebridades, los colegas, los estudiantes, los libreros, los críticos; en suma, todo antes que la verdad y el mérito ajeno. De este modo se convierte la mayoría de las veces en un granuja considerado. Como consecuencia de ello, también en la literatura alemana en general, y en la filosofía en particular, la deshonestidad ha alcanzado la supremacía de tal modo que es de esperar que se llegue al punto en el que, incapaz de seguir engañando a nadie, se vuelva ineficaz.
Por lo demás, en la república de los eruditos ocurre lo mismo que en las demás repúblicas: se prefiere a un hombre sencillo que sigue calladamente su camino y no pretende ser más listo que los demás. Frente a las mentes excéntricas que amenazan peligro, los hombres se unen y tienen la mayoría de su parte. ¡Y qué mayoría!
