Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Para mejorar la calidad de los estudiantes a costa de su ya excesiva cantidad deberÃa establecerse por ley: 1) que nadie puede matricularse en la universidad antes de los veinte años y, llegado ese momento, ha de superar un examen rigurosum de las dos lenguas antiguas antes de que se le conceda la matrÃcula. Con esta, sin embargo, se ha de liberar del servicio militar, teniendo asà en ella sus primeros doctarum praemia frontium[530]. Un estudiante tiene demasiado que aprender como para poder echar a perder un año o más de manera despreocupada con un oficio militar tan heterogéneo de su vocación; — por no pensar que su instrucción militar mina el respeto que todo hombre iletrado, sea quien sea, desde el primero hasta el último, debe al hombre erudito; de hecho, es directamente la misma barbarie que ha representado Raupach en la comedia Hace cien años, en la pérfida brutalidad del «viejo Dessau[531]» con un aspirante. Los ejércitos no desaparecerán por el hecho tan natural de que los eruditos queden exentos del servicio militar; pero sà disminuirá con ello el número de malos médicos, malos abogados y jueces, pedagogos ignorantes y charlatanes de todas clases; —ello con tanto mayor seguridad por cuanto todos los aspectos de la vida de los soldados ejercen un influjo desmoralizador en los futuros eruditos—; 2) deberÃa estar legislado que en el primer año de universidad todos tuvieran que asistir exclusivamente a clases de la facultad de filosofÃa y que antes del segundo año no se les admitiera en las clases de las tres facultades superiores; pero luego los teólogos tendrÃan que dedicar a estas dos años, los juristas, tres, y los médicos, cuatro. En cambio, en los institutos de secundaria [Gymnasien] la enseñanza podrÃa quedar limitada a las lenguas antiguas, la historia, las matemáticas y el estilo alemán, profundizando especialmente en las primeras. No obstante, puesto que la disposición a las matemáticas es una aptitud totalmente especial y peculiar que no va paralela a las demás capacidades de una mente y ni siquiera tiene nada en común con ellas[532], para la enseñanza de las matemáticas tendrÃa que regir una especial clasificación de los estudiantes, de modo que el que estuviera en Selecta en las demás materias podrÃa estar aquà en Tertia[533] sin menoscabo de su honor, y viceversa. Solo asà puede cada cual aprender algo en la medida de sus capacidades de esa clase especial.
