Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II PENSAR POR SÍ MISMO
Así como una biblioteca muy numerosa pero desordenada no tiene tanta utilidad como una muy discreta pero bien dispuesta, una gran cantidad de conocimientos, que no hayan sido elaborados por el propio pensamiento tiene mucho menos valor que unos conocimientos en número muy inferior pero reiteradamente meditados. Pues solo combinando desde todos los aspectos lo que uno sabe, comparando cada verdad con todas las demás, se apropia por completo de su propio saber y se apodera de él. Solamente se puede meditar lo que se sabe; por eso se debe aprender algo: pero únicamente se sabe lo que se ha meditado.
Ciertamente, uno se puede aplicar arbitrariamente a leer y aprender; pero no a pensar. En efecto, el pensamiento ha de ser encendido y alimentado por algún interés en su objeto, al igual que el fuego por la corriente de aire; ese interés puede ser puramente objetivo o meramente subjetivo. El último no está presente más que en nuestros asuntos personales; pero el primero solo existe para las cabezas pensantes por naturaleza, para las que pensar es tan natural como respirar, pero que son muy infrecuentes. Por eso hay tan poco de él en la mayoría de los eruditos.
