Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 2

Casi todos los hombres tienen continuamente presente que son tal y tal hombre (τις άνθρωπος), junto con los corolarios que de ahí resultan: en cambio, apenas se les viene a la mente que son en general un hombre (ó άνθρωπος) y cuáles son los corolarios que de ahí se siguen; y, sin embargo, eso es lo principal. Los pocos que se dedican más a la última idea que a la primera son filósofos. Pero la orientación de los demás se puede reducir a que en general nunca ven en las cosas más que lo particular e individual, no su componente universal. Únicamente los mejor dotados ven en las cosas individuales lo que tienen de universal, y ello en mayor medida cuanto mayor sea el grado de su eminencia. Esta importante diferencia penetra toda la facultad cognoscitiva de tal modo, que desciende hasta la intuición de los objetos más cotidianos; de ahí que esta sea ya distinta en la cabeza eminente y en la común. Tal captación de lo universal en el individuo que se represente en cada caso coincide también con lo que he llamado el puro sujeto involuntario del conocimiento y establecido como el correlato subjetivo de la idea platónica; porque el conocimiento solamente puede permanecer involuntario cuando está dirigido a lo universal; en cambio, en las cosas individuales se hallan los objetos del querer. Por eso, el conocimiento de los animales se halla estrictamente limitado a lo individual y, por consiguiente, su intelecto se mantiene exclusivamente al servicio de la voluntad. Por el contrario, aquella orientación del espíritu hacia lo universal es la condición indispensable de las auténticas producciones de la filosofía, la poesía y las artes y las ciencias en general.


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