Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La diferencia en cuestión entre materia y forma afirma su derecho incluso con respecto a la conversación. En efecto, las dotes que capacitan a un hombre para ella son ante todo el entendimiento, el juicio, el ingenio y la vivacidad, que dan la forma a la conversación. Pero luego entra en consideración su materia, es decir, aquello sobre lo que se puede hablar con el hombre, sus conocimientos. Si estos son muy escasos, entonces solo un grado inusualmente elevado de las anteriores cualidades formales puede otorgar valor a su conversación, ya que esta en lo que respecta a su materia está remitida a las relaciones y cosas humanas y naturales de todos conocidas. Lo contrario ocurre cuando a un hombre le faltan esas cualidades formales pero sus conocimientos de alguna especie confieren valor a su conversación, valor que entonces se basa por completo en su materia, de acuerdo con el refrán español: «Mas sabe el necio en su casa, que el sabio en la agena» [545].
La verdadera vida de un pensamiento dura únicamente hasta que ha llegado al límite con las palabras: ahí se petrifica, a partir de entonces está muerto pero es indestructible como los animales y plantas fósiles de la prehistoria. También se puede comparar su momentánea vida con la del cristal en el instante de la cristalización.
