Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En efecto, en cuanto nuestro pensamiento ha encontrado palabras, ya no es íntimo ni serio en su fondo. Cuando empieza a existir para otros deja de vivir en nosotros, al igual que el niño se desprende de la madre cuando surge en su existencia propia. También el poeta dice:
¡No habéis de confundirme con disputas!
En cuanto uno habla, ya empieza a equivocarse[546].
La pluma es al pensamiento lo que el bastón al caminar: pero el andar más ligero se realiza sin bastón, y el pensamiento más perfecto, sin pluma. Solo cuando uno empieza a envejecer le gusta servirse del bastón y la pluma.
Una hipótesis que se ha asentado o ha nacido en la mente lleva en ella una vida semejante a la del organismo, en la medida en que no toma del exterior más que lo que le resulta provechoso y homogéneo, y en cambio lo heterogéneo y nocivo, bien no lo admite dentro de sí, o bien, si se le introduce de forma inevitable, lo vuelve a excretar en su integridad.
La sátira, al igual que el álgebra, debe operar únicamente con valores abstractos e indeterminados, no con valores o magnitudes concretas; y no se debe practicar en hombres vivos en mayor medida que la anatomía, so pena de poner en riesgo la integridad y vida propias.
