Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Para ser inmortal una obra ha de poseer tanta excelencia que no sea fácil encontrar un hombre que la comprenda y valore en su totalidad; sin embargo, en todo momento un hombre conocerá y admirará esta excelencia, y otro, aquella; con lo que el crédito de la obra se mantiene durante el largo curso de los siglos y en medio de intereses siempre cambiantes, siendo admirada en este o en aquel sentido y no agotándose nunca. — Pero el autor de una obra asÃ, es decir, el que tiene pretensiones de permanecer y vivir aún en la posteridad, no puede ser más que un hombre que no solo busca en vano su igual entre sus contemporáneos de toda la Tierra y contrasta visiblemente con cualquier otro por una notable diversidad; también es el que, aun recorriendo varias generaciones, como el judÃo errante, se seguirÃa encontrando en la misma situación; en suma, es un hombre del que vale el lo fece natura, e poi ruppe lo stampo[547] de Ariosto. Pues en otro caso no se podrÃa comprender por qué sus pensamientos no han de perecer como todos los demás.
