Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Quien escribe con negligencia hace con ello profesión de que él mismo no da mucho valor a sus pensamientos. Pues solamente de la convicción acerca de la verdad e importancia de nuestros pensamientos nace el entusiasmo necesario para cuidar con una infatigable constancia de que su expresión sea lo más clara, bella y enérgica posible; — del mismo modo que los receptáculos de plata u oro solo se emplean para las reliquias o las obras de arte inestimables. De ahà que los antiguos, cuyos pensamientos perviven ya desde milenios en sus propias palabras, y que precisamente por eso llevan el tÃtulo honorÃfico de clásicos, hayan escrito siempre con esmero; parece que Platón escribió siete veces la introducción de su República haciéndole distintas modificaciones. — Los alemanes, en cambio, se distinguen de las demás naciones por el descuido del estilo, como también de la vestimenta; y ambas negligencias brotan de la misma fuente, ubicada en el carácter nacional. Mas asà como el abandono en el vestir delata un menosprecio de la sociedad en la que uno se mueve, también el estilo chapucero, descuidado y malo da testimonio de un ofensivo menosprecio del lector, que este, con razón, castiga no leyendo el libro. Pero sobre todo son divertidos los autores de recensiones, que en el descuidado estilo de un escritor asalariado critican las obras de otros. Es como si uno se sentara en un tribunal con bata y pantuflas. ¡Con qué esmero son redactados, en cambio, la Edinburgh revieiv y el Journal des Savants! Pero asà como por lo pronto tengo reparo en entablar una conversación con un hombre mal vestido y sucio, también dejaré de lado un libro si salta enseguida a la vista la negligencia de su estilo.
