Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Entre las prácticas destructivas del lenguaje cuento también el uso erróneo y cada vez más generalizado de la palabra Frauen [señoras] en lugar de Weiber [mujeres], con lo que de nuevo se empobrece el lenguaje: pues Frau significa uxor, y Weib, mulier (las muchachas no son señoras sino que quieren llegar a serlo); si bien en el siglo XIII debió de existir ya esa confusión, o incluso las denominaciones no se separaron hasta después. Las mujeres no quieren seguir llamándose mujeres por la misma razón por la que los judÃos quieren llamarse israelitas, o los sastres, creadores de trajes; la misma por la que los comerciantes llaman a su tienda burean y por la que cualquier broma o chiste pretende llamarse humor, a saber: porque a la palabra se le atribuye, no lo que va unido a ella, sino a la cosa. No es la palabra la que ha acarreado el desprecio de la cosa sino a la inversa; — por lo tanto, después de doscientos años los interesados volverÃan a proponer un cambio de palabras. Pero de ninguna manera puede empobrecerse la lengua alemana en una sola palabra a causa de un capricho de mujeres. Asà pues, no toleremos ese proceder a las mujeres y sus insulsos literatos de mesa de té; antes bien, tengamos presente que el abuso de las mujeres o el colectivo de las damas europeas al final puede llevarnos a caer en manos del mormonismo. — Además, la palabra Frau lleva consigo el sentido de algo de edad avanzada y desgastado, y suena igual que grau [gris]; asà que videant midieres ne quid detrimenti res publica capiat[607].
