Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Qué grandes y admirables fueron aquellos espíritus primigenios del género humano que, dondequiera que fuese, inventaron la más asombrosa de todas las obras de arte: la gramática del lenguaje; que crearon las partes orationis, que distinguieron y fijaron los géneros y casos en el sustantivo, el adjetivo y el pronombre, y los tiempos y modos en el verbo; que dentro de este último diferenciaron fina y cuidadosamente el imperfecto, el perfecto y el pluscuamperfecto, y en griego además el aoristo; todo ello, con el noble propósito de tener un órgano material adecuado y suficiente para la expresión plena y digna del pensamiento humano, que fuera capaz de asumir y reproducir correctamente cualquier matiz y modulación de este. Y ahora consideremos, por el contrario, a nuestros actuales correctores de aquella obra de arte, esos burdos, torpes y groseros operarios del gremio de escritores alemanes: para ahorrar espacio pretenden eliminar como superfluas aquellas cuidadosas distinciones y, de acuerdo con ello, funden todos los pretéritos en el imperfecto y hablan en meros imperfectos. A sus ojos, los inventores de las formas gramaticales a los que acabo de elogiar han tenido que ser unos necios que no comprendieron que todo se podía medir con la misma vara y que podía bastar con el imperfecto como único pretérito universal: ¡y qué simples les tienen que parecer los griegos que, no teniendo suficiente con tres pretéritos, añadieron aún los dos aoristos[612]! Además recortan celosamente todos los prefijos como excrecencias inútiles, ¡y listo será el que entienda lo que de ahí resulta! Para ahorrar espacio eliminan partículas lógicas esenciales como nur, wenn, um, zivar, und, etc., que habrían arrojado luz sobre todo el periodo, y el lector se queda a oscuras. No obstante, esto será bienvenido a algún escritor que tenga el propósito de escribir de forma oscura y difícilmente comprensible, porque el muy canalla cree que de ese modo infundirá respeto al lector. En suma, se permiten cualquier estropicio gramatical y léxico del lenguaje para ganar sílabas. Son infinitas las miserables argucias de las que se valen para eliminar una sílaba aquí y allá, en la estúpida ilusión de que con ello lograrán la brevedad y concisión de la expresión. La brevedad y concisión de la expresión, mis queridos idiotas, dependen de cosas completamente distintas de la supresión de sílabas y requieren cualidades que vosotros ni tenéis ni comprendéis. Pero no son censurados por ello; antes bien, enseguida son imitados por un ejército de asnos aún mayores que ellos. — El hecho de que la mencionada corrección del lenguaje encuentre un seguimiento grande, generalizado y hasta casi sin excepción, se explica porque cortar sílabas cuyo significado no se entiende requiere exactamente el mismo entendimiento que posee el más tonto.
