Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En interés de nuestra visión, la policía sanitaria debería cuidar de que la pequeñez de la impresión tuviera un mínimo fijado que no pudiera sobrepasarse. (Cuando estuve en Venecia, en 1818, en la época en la que aún se fabricaban las auténticas cadenas venecianas, un orfebre me dijo que los que hacían la catena fina se quedaban ciegos con treinta años.) —
Así como los estratos de la Tierra conservan en fila los seres vivos de las épocas pasadas, también los estantes de las bibliotecas conservan en fila los errores del pasado y sus exposiciones, que, como aquellos primeros, en su tiempo estaban muy vivos e hicieron mucho ruido, pero ahora están rígidos y petrificados allá donde solamente los examina la paleontología literaria.
Según Heródoto, Jerjes lloró al ver a su inabarcable ejército, pensando que después de cien años de todos ellos ninguno quedaría vivo: ¿quién no lloraría al ver el grueso catálogo de la Feria del Libro, cuando pensara que de todos esos libros no quedará ninguno vivo ya dentro de diez años?