Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Se escriben libros sobre este o aquel gran espíritu de épocas pasadas, y el público los lee pero no al autor mismo; porque no quiere leer más que lo recién impreso y también porque similis simili gaudet[616], y el superficial e insulso chismorreo de un mentecato actual le resulta más homogéneo y agradable que los pensamientos del gran espíritu. Mas yo agradezco al destino que ya en mi juventud hiciera que me topase con un hermoso epigrama de A. W Schlegel que desde entonces ha sido mi norte:
Leed diligentes a los antiguos, los verdaderos y auténticos antiguos:
Lo que de ellos dicen los modernos no tiene gran relevancia[617].
¡Cómo se parece una mente vulgar a otra! ¡Hasta qué punto están fundidas todas en el mismo molde! ¡Cómo se le ocurre a uno de ellos lo mismo en igual ocasión, y ninguna otra cosa! Y además están sus viles intenciones personales. Y el indigno chismorreo de esos desgraciados lo lee un público estúpido simplemente con tal de que esté impreso hoy, dejando a los grandes espíritus descansar en los estantes.
