Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En un sentido elevado, incluso las horas de entusiasmo con sus instantes de inspiración y de verdadera concepción son simplemente los lucida intervalla del genio. En consecuencia, se podría decir que el genio vive solamente un piso por encima de la locura. Pero hasta la razón del hombre racional actúa en realidad nada más que en lucida intervalla: pues él no siempre es racional. Tampoco el prudente lo es en todo momento; y ni siquiera el meramente erudito lo es a cada instante: pues a veces no podrá recordar ni reunir ordenadamente las cosas que le resulten más usuales. En suma, nenio ómnibus horis sapit[72]. Todo eso parece apuntar a un cierto flujo y reflujo de los humores del cerebro o a una tensión y relajamiento de sus fibras [73].
Cuando, en una marea viva de esa clase, se nos abre de repente una comprensión nueva y profunda en la que nuestros pensamientos alcanzan naturalmente un alto grado de vivacidad, la ocasión para ello será siempre intuitiva; y un conocimiento intuitivo estará en la base de todo gran pensamiento. Pues las palabras despiertan pensamientos en otros; las imágenes, en nosotros.
