Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Los franceses, inclusive las academias, tratan el griego de manera vergonzosa: adoptan sus palabras para desfigurarlas: por ejemplo, escriben etiologie, esthétique, etc., cuando precisamente el francés es la única lengua en la que «ai» se pronuncia como en griego; también escriben bradype, Oedipe, Andromaque, etc.; es decir, escriben las palabras griegas como lo haría un joven aldeano francés que las hubiera cazado al vuelo de labios ajenos. Sería muy amable que los eruditos franceses por lo menos hicieran como que saben griego. Pero ver la noble lengua griega echada a perder descaradamente en favor de una jerga tan repulsiva como es el francés (ese italiano deteriorado de la forma más repugnante con las largas y atroces sílabas finales y la nasal) es como ver a la gran araña de la India occidental devorar un colibrí o a un sapo comerse una mariposa. Puesto que los señores de la Academia se titulan mutuamente mon illustre confrère8 —lo cual, gracias al reflejo recíproco, hace un efecto imponente, sobre todo desde lejos— ruego a los illustres confrères que por una vez reflexionen sobre el tema: — es decir, que dejen el griego en paz y se las arreglen solamente con su propia jerga, o bien utilicen las palabras griegas sin echarlas a perder; tanto más cuanto que, al estropearlas, a menudo hay que hacer un gran esfuerzo por adivinar la palabra griega que se ha expresado y así descifrar el sentido de la expresión. Aquí se incluye la habitual y bárbara fusión que hacen los eruditos franceses de una palabra griega y otra latina: pornologie. Tales cosas, mis illustres confrères, huelen a oficial de barbero. Estoy plenamente autorizado a hacer esta amonestación: pues las fronteras políticas tienen en la república de los eruditos tan poca validez como en la geografía física, y las fronteras de los lenguajes no existen más que para los ignorantes; mas en estos no se deben tolerar los «nudos».
