Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La angustia de espíritu produce palpitaciones; y las palpitaciones, angustia de espíritu. La pena, la inquietud y la intranquilidad del ánimo restringen y dificultan el proceso vital y los movimientos del organismo, bien sea en la circulación sanguínea, en las secreciones o en la digestión: cuando, por el contrario, esos movimientos son restringidos, obstruidos o perturbados de cualquier otro modo por causas físicas, sea en el corazón, en los intestinos, en la vena portarum[639], en las vesículas seminales o dondequiera que sea, nace la intranquilidad de ánimo, la inquietud, la melancolía, y la pena sin objeto alguno, es decir, el estado que llamamos hipocondría. Y también, yendo más allá, la ira hace gritar, pisar con fuerza y gesticular violentamente: pero precisamente esas manifestaciones corporales aumentan por su parte la ira o la avivan a la menor ocasión. No necesito decir hasta qué punto confirma todo eso mi teoría de la unidad e identidad de la voluntad y el cuerpo, según la cual el cuerpo no es incluso nada más que la voluntad misma que se representa en la intuición espacial del cerebro.
