Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El hecho de que tan a menudo nos equivoquemos con los demás no es siempre culpa directa de nuestro Juicio, sino que la mayorÃa de las veces nace del intellectus luminis sicci non est, sed recipit infusionem a voluntate et affectibus[643] de Bacon; porque, sin saberlo, ya desde el principio estamos prevenidos a su favor o en su contra por minucias. Con gran frecuencia esto se debe también a que no nos quedamos en las cualidades realmente descubiertas en ellos sino que de estas inferimos otras que consideramos inseparables o bien incompatibles con ellas: por ejemplo, de la liberalidad que hemos observado inferimos la justicia; de la devoción, la honradez; de la mentira, la estafa; de la estafa, el robo, etc.; esto abre la puerta a muchos errores, debido, por una parte, a la singularidad de los caracteres humanos y, por otra, a lo unilateral de nuestro punto de vista. Ciertamente, el carácter es consecuente y coherente, pero la raÃz de todas sus cualidades es demasiado profunda como para poder determinar a partir de datos aislados cuáles pueden coexistir y cuáles no.
