Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Para prevenir esto, las personas impulsivas, tan pronto como empiezan a enfadarse, deberían intentar dominarse quitándose de momento el asunto de la cabeza: pues cuando después de una hora vuelvan sobre él, ya no les parecerá tan enojoso y pronto quizá hasta les resulte insignificante.
El odio es asunto del corazón; el desprecio, de la cabeza. El yo no tiene ninguno de los dos en su poder: pues su corazón es inmutable y se mueve por motivos, y su cabeza juzga según reglas invariables y datos objetivos. El yo es simplemente la unión de ese corazón con esa cabeza, el ζεύγμα[647].
