Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Cualquier acontecimiento que provoque en nosotros algún afecto desagradable, por nimio que sea, deja en nuestro espíritu un efecto que mientras dura obstaculiza la comprensión clara y objetiva de las cosas y las circunstancias, y tiñe todos nuestros pensamientos, del mismo modo que un objeto muy pequeño limita y desfigura nuestro campo visual cuando se lo pone muy cerca del ojo.
Lo que hace a los hombres duros de corazón es esto: que cada cual ya tiene bastante con soportar sus propias penas, o eso es lo que piensa. Por eso, un estado inusualmente feliz hace a la mayoría de los hombres compasivos y humanitarios. Pero uno permanente y estable actúa a menudo en sentido inverso, alejándoles tanto del sufrimiento que ya no son capaces de participar de él: de ahí deriva el que a veces los pobres se muestren más compasivos que los ricos.
En cambio, lo que hace a los hombres tan curiosos, al modo en que los vemos fisgar y espiar lo que hacen los demás, es el polo de la vida opuesto al sufrimiento: el aburrimiento; — si bien en eso actúa también la envidia.
Quien quiera atisbar sus sinceros sentimientos hacia una persona, que atienda a la impresión que le produce a primera vista una carta suya que le llega por correo de forma inesperada.
