Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II ¿Es eso así porque necesitamos las gafas de aumento de la fantasía? ¿O porque solamente desde lejos se puede abarcar el conjunto? ¿O porque tienen que haberse aplacado las pasiones? ¿O porque solo la escuela de la experiencia nos hace maduros para juzgar? — Quizá todo eso junto: pero es cierto que con frecuencia no alcanzamos verdadera claridad acerca de las acciones ajenas, a veces incluso de las propias, hasta después de muchos años. — Y lo mismo que en la propia vida ocurre también en la historia.
Con los estados de felicidad humanos ocurre la mayoría de las veces como con ciertos grupos de árboles que, vistos de lejos, tienen un aspecto muy hermoso: pero cuando vamos ascendiendo y entrando en ellos, esa belleza desaparece: no sabemos dónde se ha quedado, y estamos entre árboles. A eso se debe el hecho de que tan a menudo envidiemos la situación del otro.
¿Por qué, a pesar de todos los espejos, no sabemos realmente qué aspecto tenemos y, por lo tanto, no podemos representarnos nuestra propia persona en la fantasía como la de cualquier conocido? Una dificultad esta que se opone ya en el primer paso al γνώθι σαυτόν[649].
