Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Nadie sabe qué capacidad tiene de sufrir y de actuar hasta que una ocasión la pone en marcha; — del mismo modo que en el agua tranquila del estanque que forma un liso espejo no vemos con qué furia y turbulencia es capaz de precipitarse incólume desde las rocas o a qué altura se puede elevar en el surtidor de una fuente; como tampoco tenemos idea de cuánto calor latente se contiene en el agua helada.
La existencia inconsciente no tiene realidad más que para otros seres en cuya conciencia se presenta: la realidad inmediata está condicionada por una conciencia propia. Así pues, también la existencia real e individual del hombre se encuentra ante todo en su conciencia. Pero esta, en cuanto tal, es necesariamente un ser representante, así que está condicionada por el intelecto y por la esfera y materia de la actividad de este. En consecuencia, los grados de claridad de la conciencia, y por tanto de la reflexión, pueden ser considerados los grados de realidad de la existencia. Pero en el mismo género humano esos grados de la reflexión o la clara conciencia de la existencia propia y ajena poseen niveles muy diferentes de acuerdo con la medida de las naturales capacidades intelectuales, la formación de estas y el tiempo de ocio para reflexionar.
