Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La voluntad en cuanto cosa en sà es el material común de todos los seres, el elemento universal de las cosas: por lo tanto, lo tenemos en común con todos y cada uno de los hombres y también con los animales, e incluso con los seres inferiores. En ella, en cuanto tal, somos todos iguales, en la medida en que todos y cada uno de los seres están repletos y rebosantes de voluntad. Por el contrario, lo que eleva a un ser sobre otro y a un hombre sobre otro es el conocimiento. Por lo tanto, nuestras manifestaciones deberÃan limitarse a él en lo posible y solo él deberÃa sobresalir. Pues la voluntad, siendo lo absolutamente común [Gemeinsame], es también lo vulgar [Gemeine]. Por consiguiente, todas sus apariciones violentas son vulgares: es decir, nos degradan al nivel de un mero ejemplo y ejemplar de la especie: pues entonces no estamos mostrando más que el carácter de esta. Por lo tanto, es vulgar toda ira, toda alegrÃa desbordada, todo odio, todo temor; en suma, cualquier afecto, es decir, cualquier movimiento de la voluntad, cuando es tan intenso que sobrepasa claramente al conocimiento en la conciencia y hace aparecer al hombre más como un ser volente que como uno cognoscente. Entregado a un afecto asÃ, el mayor genio se vuelve semejante al más vulgar hijo de la Tierra. En cambio, quien quiera ser realmente extraordinario, es decir, grande, no puede permitir que los movimientos predominantes de la voluntad se apoderen por completo de su conciencia, por mucho que sea impelido a ello. AsÃ, por ejemplo, tiene que ser capaz de percibir el ánimo hostil de los demás sin que por ello se sienta provocado el suyo: de hecho, no hay signo más seguro de la grandeza que el pasar por alto las manifestaciones molestas u ofensivas, atribuyéndoselas sin más, al igual que innumerables otros errores, al débil conocimiento del hablante, y limitándose asà a oÃrlas sin sentirlas. Asà se puede entender lo que dice Gradan: «Nada es peor para un hombre que dejar notar que es un hombre» (El mayor desdoro de un hombre es dar muestras de que es hombre[656]).
