Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La primera disposición de ánimo se debe en realidad a que en la conciencia el conocer ha obtenido la supremacía; entonces, desligándose del mero servicio de la voluntad, capta objetivamente el fenómeno de la vida y ya no puede dejar de ver claramente su nihilidad y futilidad. En la otra disposición, por el contrario, predomina el querer, y el conocer no existe más que para iluminar los objetos del querer y despejarle el camino para alcanzarlos. — El hombre es grande o insignificante según predomine en él una u otra visión de la vida.
Cada cual considera que el límite de su campo visual es el del mundo: esto es tan inevitable en el ámbito intelectual como lo es en la visión física la ilusión de que en el horizonte el cielo toca la Tierra. Y a eso se debe, entre otras cosas, esto: que cada uno de nosotros medimos con nuestra propia medida, que en la mayoría de los casos es una simple vara de sastre, y nos tenemos que conformar con ella; y también que cada cual nos atribuye su propia insignificancia, una ficción esta que está permitida de una vez por todas.
