Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 42

Quien pretende resolver a posteriori, es decir, mediante ensayos, lo que podría examinar y decidir a priori — por ejemplo, la necesidad de una causa para todo cambio, o verdades matemáticas, o principios de la mecánica o la astronomía réductibles a la matemática, o incluso los que se siguen de leyes naturales muy conocidas — se hace despreciable. Un hermoso ejemplo de esa clase lo ofrecen nuestros más recientes materialistas provenientes de la química, cuya erudición sumamente parcial me ha dado ya en él otra parte[79] ocasión de observar que la simple química nos capacita para ser farmacéuticos, pero no filósofos. Aquellos, en efecto, creen haber realizado un nuevo descubrimiento por vía empírica con la verdad a priori, expresada mil veces por ellos, de que la materia persiste; la anuncian audazmente a pesar del mundo, que aún no sabe nada de ella, y la demuestran honradamente por vía empírica. («La prueba de ello solo nos la podían ofrecer nuestras balanzas y retortas», dice el Sr. Dr. Louis Büchner en su libro Fuerza y materia [Stoff], 5.a edición, p. 14, que es el ingenuo eco de esa escuela). Pero son tan pusilánimes o tan ignorantes que no utilizan la palabra Materie, única que es aquí correcta y válida, sino la palabra Stoff, que les resulta más familiar[80]; de ahí que el principio a priori: «La materia [Materie] persiste, por lo que su quantum nunca puede aumentar ni disminuir» lo expresen así: «La materia [Stoff] es imperecedera». Y se sienten originales y grandiosos así, scilicet, en su nuevo descubrimiento: pues, naturalmente, a tales gentecillas les resulta desconocido que desde hace siglos, sí, desde hace siglos, se disputa acerca de la primacía y relación de la materia persistente con la forma que siempre existe: ellos vienen quasi modo geniti[81] y adolecen marcadamente de la όψιμαθια[82] que Gelio (XI, 7) describe como vitium serae eruditionis, ut, quod nunquam didiceris, diu ignoraveris, cum id scire aliquando coeperis, magni facias quocunque in loco et quacunque in re dicere[83]. Si alguno al que la naturaleza le hubiera dotado de paciencia quisiera tomarse la molestia de explicar la diferencia entre materia [Materie] y material [Stoff] a esos mancebos de farmacia y oficiales de barbero que, venidos de sus restaurantes químicos, no saben nada, diría: el último es la materia ya cualificada, es decir, la combinación de la materia con la forma, las cuales también se pueden volver a separar; por lo tanto, lo único persistente es la materia, no el material, que siempre puede convertirse en otro — sin exceptuar vuestros sesenta elementos. El carácter indestructible de la materia nunca se puede decidir con experimentos; por eso tendríamos que permanecer eternamente inseguros sobre ella si no fuera cierta a priori. Que el conocimiento del carácter indestructible de la materia y su recorrido por todas las formas es plena y claramente a priori, y por tanto independiente de toda experiencia, lo atestigua un pasaje de Shakespeare que, no obstante, era muy poco físico y en general no sabía mucho del tema; sin embargo, pone en boca de Hamlet:


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