Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En mi mente hay un permanente partido de la oposición que polemiza con todo lo que he hecho o decidido, aunque haya sido con madura reflexión, sin que por eso tenga siempre razón. Es una simple forma de espíritu correctivo, pero a menudo me hace reproches inmerecidos. Supongo que a otros les ocurre lo mismo: ¿pues quién no tiene que decirse a sí mismo:
quid tam dextro pede concipis, ut te
Conatus non poeniteat, votique peracti[662]?
Posee mucha imaginación aquel cuya actividad cerebral intuitiva es lo bastante fuerte como para no necesitar siempre la excitación de los sentidos para ponerse en actividad.
Conforme a eso, la imaginación es más activa cuanto menor es la intuición externa que se presenta por medio de los sentidos. Un prolongado aislamiento en la cárcel o en una sala de convalecencia, el silencio, el crepúsculo y la oscuridad son beneficiosos para su actividad: bajo su influencia se pone en juego sin que se la invoque. Por el contrario, cuando se le ofrece a la intuición mucha materia real externa, como en los viajes, en el tumulto del mundo o a pleno mediodía, la imaginación descansa y no se pone en marcha aunque se la invoque: ella ve que no es su tiempo.
