Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II A veces mi memoria no quiere reproducir una palabra de un idioma extranjero, o un nombre, o una expresión técnica, a pesar de que los conozco bien. Después, tras haberme atormentado en vano con ello durante un tiempo más o menos prolongado, me olvido por completo del asunto. Luego, normalmente en el plazo de una o dos horas, y raramente más tarde, a veces después de cuatro o seis semanas, la palabra que buscaba se me viene a la cabeza en medio de otras ideas totalmente distintas, de forma tan repentina como si se me hubiera susurrado desde fuera. (En ese caso es bueno fijarla provisionalmente mediante un carácter mnemotécnico hasta que se haya vuelto a grabar en la auténtica memoria.) Tras haber observado y admirado con frecuencia ese fenómeno desde hace muchos años, se me hace ahora plausible la siguiente explicación del mismo: después de una búsqueda penosa y vana, mi voluntad conserva el deseo de encontrar la palabra, por lo que asigna para ella un espÃa en el intelecto. Luego, tan pronto como en el curso de mis pensamientos aparece accidentalmente alguna palabra que comienza por las mismas letras o tiene cualquier otra semejanza con ella, el espÃa acude de un salto y la completa con la palabra buscada, atrapa esta y de repente la trae arrastrando con aire victorioso, sin que yo sepa dónde ni cómo la ha capturado; de ahà que la palabra venga como si se hubiera dicho al oÃdo. Aquà ocurre como cuando a un niño que no es capaz de decir un vocablo el maestro termina por decirle en voz baja la primera letra y luego la segunda: entonces le viene la palabra. — Cuando no tiene lugar ese proceso, se acaba buscando metódicamente la palabra por todas las letras del alfabeto.
