Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Por lo general la gente de grandes capacidades se lleva mejor con las mentes sumamente limitadas que con las corrientes: ello, por la misma razón por la que el déspota y la plebe, los abuelos y los nietos, son aliados naturales.
Los hombres necesitan actividad externa porque carecen de actividad interior. En cambio, cuando esta se da, aquella se convierte en una molestia y un estorbo importunos y hasta malditos, y lo que predomina entonces es el deseo de ocio y de silencio y tranquilidad exteriores. — La primera afirmación señalada explica también la actividad incansable y el inagotable afán de viajar que tienen los hombres desocupados. Lo que les persigue por todos los países es el mismo aburrimiento que en su tierra les congrega en masa y les hace apiñarse de una forma divertida de ver[665]. Una excelente confirmación de esta verdad me la ofreció una vez un desconocido de cincuenta años que me contó el viaje de placer que durante dos años había realizado a los más lejanos países y remotos continentes: cuando observé que tenía que haber pasado muchas fatigas, privaciones y peligros, él, de forma inmediata y sin preámbulos, dando por supuesto los entimemas, me dio esta ingenua contestación: «No me he aburrido en ningún momento».
