Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Para el hombre práctico el estudio más necesario estriba en la adquisición de un conocimiento exacto y fundado de cómo van realmente las cosas en el mundo: pero se trata también del más largo, ya que prosigue hasta edad avanzada sin que lo hayamos concluido, mientras que en las ciencias dominamos lo más importante ya en la juventud. En su calidad de neófitos, el muchacho y el joven tienen que aprender las primeras y más difÃciles lecciones en aquel conocimiento; pero hasta el hombre maduro tiene que repasar con frecuencia gran parte de ellas. Esa dificultad del asunto, importante ya en sà misma, es duplicada además por las novelas, que presentan una marcha de las cosas y de la conducta humana que no se da en la realidad. Mas este es aceptado con la credulidad propia de la juventud y asimilado por el espÃritu; de ese modo, en lugar de la mera ignorancia negativa se presenta todo un entramado de falsos supuestos como error positivo que después embrolla incluso la escuela de la experiencia y hace aparecer sus enseñanzas a una falsa luz. Si antes el joven andaba a oscuras, ahora es extraviado por fuegos fatuos: y la muchacha, con frecuencia todavÃa más. A través de las novelas se les ha imbuido una visión de la vida completamente falsa y se les han suscitado expectativas que nunca se cumplirán. En la mayorÃa de los casos eso tiene el más pernicioso influjo en toda la vida. Aquà están en clara ventaja los hombres que en su juventud no han tenido tiempo u ocasión de leer novelas, como los trabajadores manuales, etc. Son pocas las novelas que se pueden excluir del anterior reproche o que actúan incluso en sentido opuesto: por ejemplo, y sobre todo, Gil Blas[689] y otras obras de Lesage (o, mejor, sus originales españoles); también El vicario de Wakefield[690] y parte de las novelas de Walter Scott. El Don Quijote puede considerarse una representación satÃrica de aquel extravÃo.
