Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II SOBRE LA TEORÍA FISONÓMICA
Que el exterior reproduce y representa el interior, y que el rostro expresa y revela toda la esencia del hombre, es un supuesto cuya aprioridad, y por lo tanto también su seguridad, se pone de manifiesto en el deseo generalizado y patente en toda ocasión por ver a un hombre que ha destacado en algo bueno o malo, o bien ha hecho algo extraordinario; o, en el caso de que no sea posible verlo, al menos oír de otros qué apariencia tiene; a eso se debe, por una parte, la general afluencia a los lugares donde se supone que va a estar presente y, por otra, los esfuerzos de los periódicos, sobre todo los ingleses, por describirlo minuciosa y certeramente; hasta que enseguida los pintores y los calcógrafos nos lo representan intuitivamente y al final el invento de Daguerre, tan estimado precisamente por eso, satisface esa necesidad a la mayor perfección. También en la vida común cada cual examina fisonómicamente a todo el que se le presenta, e intenta calladamente conocer de antemano su esencia moral e intelectual a partir de sus rasgos faciales. Todo eso no podría ser así si, como se figuran algunos necios, el aspecto del hombre no poseyera ningún significado, por ser el alma una cosa y el cuerpo otra distinta que no tuviera con aquella más relación que su chaqueta con él mismo.
