Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Por detrás de un manzano en flor un abeto recto elevaba su aguda y oscura cima. Aquel dijo a este: «¡Mira los miles de bellas y vivas flores que me cubren por completo! ¿Qué tienes tú que exhibir a cambio? Agujas de color verde oscuro». — «Es verdad —replicó el abeto—: pero cuando llegue el invierno tú estarás deshojado; y yo, en cambio, estaré como estoy ahora».
En una ocasión, cuando me encontraba herborizando bajo un roble, encontré entre las demás hierbas una del mismo tamaño que ellas, de color oscuro, hojas apretadas y tallo recto y rÃgido. Cuando la toqué me dijo con voz firme: «¡Déjame! No soy una planta para tu herbolario, como aquellas otras a las que la naturaleza les ha dado un año de vida. Mi vida se mide por siglos: soy un pequeño roble». — Asà se encuentra aquel cuyo efecto se ha de extender durante siglos, de niño, de joven, con frecuencia aún de adulto, y en general en cuanto ser viviente en apariencia igual a los demás y, como ellos, insignificante. ¡Pero dejad simplemente que llegue el tiempo y con él los conocedores! El no muere igual que los demás.
