Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 388

Encontré un campo de flores, admiré su belleza, su perfección en todas sus partes, y exclamé: «Pero todo eso, en este y en miles de campos iguales, resplandece y se marchita sin ser observado por nadie y a menudo sin ser visto siquiera por un ojo». — El contestó: «¡Necio! ¿Crees que florezco para ser visto? Florezco por mí y no por los demás, florezco porque me gusta: en eso, en florecer y en existir, estriba mi alegría y mi gozo».

§ 389

En la época en que la superficie terrestre estaba formada aún por una capa de granito plana y uniforme, y todavía no existía ningún germen para que surgiera algún ser vivo, una mañana salió el Sol. Iris, la mensajera de los dioses, que acababa de | llegar volando por encargo de Juno, mientras pasaba velozmente le gritó al Sol: «¿Por qué te tomas la molestia de salir? ¡No existe ningún ojo que te vea ni ninguna estatua de Memnón[699] que resuene!». La respuesta fue: «Pero yo soy el Sol, y salgo porque lo soy: ¡que me vea quien pueda!». —






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