Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Encontramos esto ilustrado y confirmado de forma especial cuando consideramos las instituciones, grandes y pequeñas, ricas y pobres, que en cualquier época y país han sido fundadas para conservar y fomentar el saber humano y, en general, las aspiraciones intelectuales que ennoblecen a nuestro género. Nunca pasa mucho tiempo antes de que se acerque furtivamente la burda necesidad animal para apoderarse de los emolumentos destinados a ellas, so capa de pretender servir a aquellos fines. Ese es el origen de la charlatanería que se puede encontrar a menudo en todas las materias y que, por diversas que sean sus formas, tiene su esencia en que uno, sin preocuparse por el asunto mismo, busca únicamente la apariencia de este a efectos de sus propios fines personales, egoístas y materiales.
Una madre había dado a leer a sus hijos las fábulas de Esopo, a fin de que se instruyeran y mejoraran. Pero pronto le devolvieron el libro mientras el mayor le decía impertinente: «¡Ese no es un libro para nosotros! Es demasiado pueril y tonto. Ya no se nos puede embaucar diciendo que los zorros, los lobos y los cuervos hablan: ¡hace mucho que estamos por encima de esas farsas!». — ¿Quién no reconoce en esos optimistas muchachos a los futuros racionalistas ilustrados?
