Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Soneto
La larga noche invernal no acabará nunca;
El Sol se detiene como si nunca fuera a llegar;
El tumulto de lechuzas grazna a porfía;
Las armas suenan en los quebradizos muros.
Y tumbas abiertas envían a sus espíritus:
Quieren, rodeándome, asustar mi alma,
Haciéndole creer que nunca se salvará; —
Pero yo no quiero dirigirles la mirada.
¡El día, el día quiero proclamar a gritos!
Noche y fantasmas huirán de él:
Anunciado ya por la estrella matutina.
Pronto se hará la luz, también en las profundidades:
El mundo se cubrirá de brillo y color,
Y un azul intenso teñirá la lejanía sin límite.
