Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 48

Lo que verdaderamente les falta a las tristes mentes vulgares de las que está saturado el mundo son dos capacidades relacionadas de cerca: la de juzgar y la de poseer pensamientos propios. Pero ambas les faltan en un grado del que no puede hacerse idea fácilmente quien no pertenece a ellas, y por eso, tampoco de lo triste de su existencia, del fastidio sui, quo laborat omnis stultitia[88]. Por esa carencia se explica, de un lado, la pobreza de la producción escrita en todas las naciones, que entre los que conviven con ella se quiere hacer pasar por literatura; y, por otra parte, el destino de todo lo auténtico y verdadero cuando se presenta entre tales gentes. En efecto, todo poetizar y pensar reales son en cierta manera un intento de poner una gran mente a gentes pequeñas: no es de asombrar que no lo consiga inmediatamente. El placer que brinda un escritor exige siempre una cierta consonancia entre su modo de pensar y el del lector, y será tanto mayor cuanto más completa sea esta; de ahí que un gran espíritu solo pueda ser disfrutado plena y perfectamente por otro gran espíritu. Precisamente en eso se basan también el asco y la aversión que suscitan los autores malos o mediocres en las cabezas pensantes: incluso la conversación con la mayoría de los hombres actúa así: a cada paso se siente la insuficiencia y la desarmonía.



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