Vidas imaginarias
Vidas imaginarias Kid se dejó prender a la altura de New York. Lord Bellamont lo envió a Londres. Fue condenado a la horca. Lo colgaron en el muelle de la Exécution, con su casaca roja y sus guantes. En el momento en que el verdugo le calaba hasta los ojos el gorro negro, el capitán Kid se debatió y gritó: «¡Me cago en Diez! ¡Yo sabía muy bien que me metería su balde en la cabeza!». El cadáver ennegrecido permaneció enganchado en las cadenas por más de veinte años.