Vidas imaginarias
Vidas imaginarias Cuando el cuento se detenía definitivamente, junto con el aliento del narrador, los señores Burke y Hare exploraban el misterio. Desvestían al desconocido, admiraban sus alhajas, contaban su dinero, leían sus cartas. Algunas correspondencias no carecieron de interés. Después metían el cuerpo en la gran caja del señor Hare para que se enfriara. Y era entonces cuando el señor Burke mostraba la fuerza práctica de su espíritu.
Era importante que el cadáver estuviese fresco, pero no tibio, para poder utilizar hasta el último residuo del placer de la aventura.