Vidas imaginarias
Vidas imaginarias Juez

ació el día de la Asunción y fue devoto de la Virgen. Era costumbre en él invocarla en todas las circunstancias de su vida y no podía oír su nombre sin que los ojos se le llenaran de lágrimas. Después de haber estudiado en una pequeña boardilla de la rue Saint-Jacques bajo la férula de un clérigo flaco, en compañía de tres niños que mascullaban el Donado y los salmos de la Penitencia, aprendió laboriosamente la lógica de Okam. Así llegó muy pronto a ser bachiller y maestro en artes. Las venerables personas que lo instruían notaron en él una gran dulzura y una unción encantadora. Tenía labios gruesos de los que se deslizaban palabras de adoración. Tan pronto como obtuvo su bachillerato en teología la Iglesia puso sus ojos en él. Ofició primero en la diócesis del obispo de Beauvais, quien supo de sus cualidades y se valió de él para avisar a los ingleses que asediaban Chartres sobre ciertos movimientos de los capitanes franceses. Cuando tuvo más o menos treinta y cinco años de edad, se lo hizo canónigo de la catedral de Rúan. Allí fue buen amigo de Jean Bruillot, canónigo y sochantre, con quien salmodiaba bellas letanías en honor de María.
