El Monasterio
El Monasterio —Es verdad, padre Felipe, ¿pero no sabéis que impedir el mal, es practicar el bien? Julián Avenel es capaz de saquear las tierras del monasterio, y, si faltáramos a la viuda de su hermano, podrÃamos tener que sentir. Además, es un deber que no podemos dejar de cumplir tratándose de una familia tan antigua y cuyos miembros han sido los bienhechores del monasterio. Partid, pues, en seguida, hermano mÃo, viajad de noche si es preciso, y que se vea con qué prontitud el abad Bonifacio y sus dignos hijos cumplen los deberes de su santo ministerio. Demostremos que ni el cansancio ni el temor amenguan su celo. El valle tiene cinco millas de largo y se pretende que está poblado de fantasmas; demostremos que sabemos despreciar todos esos peligros para confusión de los herejes que nos calumnian, y edificación de los hijos de la Iglesia católica. Quisiera saber qué piensa de esto nuestro hermano Eustaquio.
Admirado por la descripción que acaba de hacer, de los peligros y de las fatigas a que iba a exponerse, y de la gloria que iba a adquirir, a expensas de otro, el abad volvióse lentamente al refectorio para terminar su modesta comida. El sacristán, con manifiesto malhumor, partió con MartÃn hacia Glendearg, adonde llegó sin haber sufrido otro contratiempo que el de verse obligado a refrenar el ardor de su mula, para que se acomodara al paso del pobre Shagram.